CADA HISTORIA ENSEÑA Y FORMA

"Mi vida ha sido difícil, diferente, pero para mi, la guerrilla no es mala": Andrés

 Frase con la que este personaje, que por temas de seguridad se le llamará andrés, inicia su relato de vida. Vivió en Bogotá desde muy pequeño, junto a sus tres hermanos y su mamá. Que, desde la edad de 15 años había sufrido de terribles abusos físicos y verbales por parte de ella. El amor por sus hermanos sobrepasaba todo entendimiento, siendo así, el escudo que los protegía de los golpes mortales que marcaban cuerpo y alma. Sin embargo, no pudo resistir tanto y decide agarra sus pertenencias e irse, dejando atrás su media vida.

En una pequeña maleta, el día anterior, luego de que la madre lo golpeara fuertemente, alistó su ropa y esperando la señal, de que aquella mujer cerrara la puerta por completo para irse a trabajar, salió de su casa y corrió hacia un bus que iba al terminal, lugar donde abordó una flota la cual sería la esperanza de un nuevo comienzo. El destino era chita.

                                                                                                                                  Imagen tomada de ColombiaTurismoWeb.com

En este pueblo ubicado en Boyacá, la abuela fue la persona que lo recibió con los brazos abiertos. Aunque seguía vivo el dolor que había dejado atrás, decidió darse una nueva oportunidad. Allí ingresó a un colegio, conoció a los que serían sus nuevos amigos e inicio, como dijo él, "su verdadera niñez".

Andrés empezó a adecuarse a su nuevo estilo de vida. En el colegio las cosas eran totalmente diferentes. "En educación física, el profesor nos hacía darle la vuelta al parque y al final había como una cima. Allí, él nos decía, siéntese acá y descansen. En ese momento llegaron unas personas uniformadas, con armas y nos empezaron a dar unas charlas sobre el porqué deberíamos estar en la guerilla". Ese día, el joven de 15 años, empezó a identificar a los que serían "la guardia del pueblo". 

Estos personajes no solo los empezó a ver en el colegio, sino también en la plaza, en el centro, en cada esquina, en cada finca y en cada tienda. "Yo ya los veía a cada rato, y para mi ya era normal". Esto para él ya era el pan del día a día. "La lavada de cerebro era tremenda. Nos pintaban el cielo y la tierra si nos metimos a la guerilla. Pero jamás nos obligaban a hacerlo, era como el ejército".

Imagen tomada Caracol Radio

Pasaron los días y poco a poco Andrés veía como los compañeros de salón desaparecían. "Uno ya sabía. Compañero que no iba, compañero que estaba en la guerilla. Luego uno los veía con el uniforme en el pueblo".  Al crecer en este ambiente, Andrés empezó a ver totalmente diferente a este grupo armado.


"Ellos nos protegen, nos daban seguridad. En Chita no había drogas y no había violadores, ni sapos, pues para ellos no habia perdon". Expresaba que la guerilla iba al pueblo de vez en cuando y que todos los habitantes los atendían muy bien. "Mi abuela les cocinaba y ellos les pagaban. ¿Cuanto? lo que quisiéramos".

Este pensamiento creció mucho más, hasta el punto de querer entregarse. "La situación era dura en ese tiempo, era difícil y yo me iba a entregar". Esa decisión seguía en pie en su cabeza, tanto que el dia que el grupo armado volvió al pueblo, se dirigió al comandante y le expresó su deseo. Sin embargo, algo le impidió irse ese día. Esa mañana, ellos tenían una toma y era irresponsable llevarse a un joven sin entrenamiento, pero le dio instrucciones para el otro dia. "Chino, usted es un peligro para nosotros en este momento, alistese unas botas y una saco y mañana lo recojo".


Andrés siguió las reglas, pero algo volvió a suceder. Una mujer del pueblo se enteró de lo que iba a hacer. Pues a ella, anteriormente, un hijo se le había ido a la guerrilla y "no soportaría otro cargo de conciencia". Así que decidió darle dinero y mandarlo directamente a Bogotá.

Simultáneamente a esto, la noticia de la posibilidad de que Andrés se había ido con este grupo armado, llegó hasta donde la madre. La cual fue hasta pueblo y habló directamente con el comandante de la guerrilla preguntando por su hijo desesperadamente. Al que respondió: -Pregúntele usted, señora-.


Andrés siguió la orden y llegó a bogotá, pero no a donde su madre, sino a donde su tía. "Yo pense que habia quedado ese tema allá, en Chita. Pero, ellos tienen mas tecnologia que el mismo ejército. No se como hicieron, pero se consiguieron el numero de donde mi tia, lugar donde estaba viviendo, y pregunto por mi". Andres cogio el telefono y mientras contestaba, una voz gruesa le dijo: -¿Sabe con quién habla? Soy el comandante. Ya sabe, no diga nada y no tendrá problemas-.

"Yo no se porque no estoy allá. Hasta quizá estuviera muerto ahora mismo. Dios tiene un propósito para mi". Frase con la que culmina su historia y con la cual le dejó muchas enseñanzas.




La plaza de mercado, un trabajo digno


Imagen tomada de Youtube 

El sol empieza a pronunciarse hacia las 10:00 Am en la plaza de mercado de Santa Librada, Usme. Los vendedores alistan sus puestos de trabajo para empezar a atender a los clientes. Organizan las frutas, barren el lugar y colocan música. Entre ellos, Carmen Rodríguez, mujer de 50 años de edad, que desde hace 15 años ha ejercido la profesión de vender alimentos. Labor que ha sido heredada desde sus abuelos, hasta llegar a ella.


"Lo primero que se hace es arreglar el mercado y colocar las cosas bonitas", expresa mientras se dibuja en su rostro una gran sonrisa y se coloca un delantal medio desgastado de color amarillo. Esto, con el objetivo de que el refrán: "la comida entra por los ojos" se haga realidad. Cuando pasan las horas y la única luz natural que acompaña el lugar es la luna, doña Carmen procede a "arreglar las tapas y cubrir las frutas para que no se dañen" y así darle cierre a su día laboral.


Su horario es como cualquier otro. Inicia a las siete de la mañana a seis de la tarde. Esto cuando es entre semana, ya que los sábados y domingos atiende de seis de la mañana a ocho de la noche. Esta constancia ha permitido que sus clientes sean fijos y no se vayan a otros puntos.

El reloj marca las 12:00 del mediodía. En ese preciso momento, pasa una señora de unos 40 años aproximadamente y con un saludo se establece en el punto de doña Carmen Rodríguez.

-Hola vecina, me regala un paquetico de frutas, porfa.

-¡Claro veci! Responde, mientras las deposita en una bolsa.

-Ahi le va ñapa .

Esta estrategia, como lo llama ella, le ha servido para mantener a sus clientes felices. "Damos pruebas y ñapas. Seles hace una lonchera de cada frutica y la gente vuelve".

Pasan las horas y la cuadra se empieza a llenar aún más de clientes. "Mi amor ¿que necesita?", "¡pescado fresco, pescado fresco!", "¿quiere una pruebita de aguacate? Sin compromiso". Este es el cuadro que se va dibujando en la plaza de mercado, la cual, se constituye de carpas que cubren los alimentos, diversos olores agradables, comida fresca y una atención admirable. Entre todo esto, Carmen aparece en una esquina con orientación norte-sur, lugar donde tiene su puesto. Sin embargo, esto será por poco tiempo.

Aunque la ubicación es pertinente y estratégica, los vendedores sufrirán una modificación, la cual será fundamental para su sostén diario. Los moverán de lugar, y aunque no ha sido la primera vez, ya que anteriormente la Alcaldía los había trasladado por tener problemas con los policías, puesto que "nos quitaban los mercados y nos corrieron del lugar", expresó Carmen, el motivo de ahora es que el espacio público está siendo invadido y es todo un enigma en donde sera reubicados y como atraerán a nuevos clientes.


8:00 de la mañana, nuevamente Carmen Rodríguez empieza su rutina para iniciar las ventas y para que le hiciera el "negocio". 9:00 Am, la mujer de tez blanca y cabello negro se encuentra sentada en la mitad de su puesto trabajo. En sus manos, las cuales están cobijadas por un par de guantes negros, sostiene un caldo con pan. "Yo como acá, al frente" Pues su horario la obliga a salir muy de mañana, y por ende, la preparación de su desayuno o almuerzo no es fundamental para ella. Al frente de su punto de trabajo se encuentra un local de comida, lugar donde se alimenta. "Lo que me ganó a diario me da para alimentarme afuera", lo expresa con alegría y, con ello, dandole paso a lo que para ella ha sido su gran logro. "He alcanzado todos mis objetivos y uno de ellos ha sido comprarme mi casita y sostenerla". Logros que la motiva a levantarse dia a dia.


Sin embargo, no todo ha sido fácil para esta vendedora, ni para su gremio. La sociedad ha creado estereotipos y han hecho jerarquías que encasillan la importancia y el respeto que se tiene de un empleo más que el otro. Es por ello que las plazas, que es lo popular, muchas veces la tienen muy desestimada. Por ende el pensamiento de Carmen: "aveces a uno lo discriminan porque uno no trabaja en un banco o una empresa", o muchas veces porque su punto de empleo está en la calle, pero para ella "esta bien".

Y no solo esto ha tenido que vivir. Alrededor de la plaza se encuentra una amenaza directa y por ello, Carmen cree que no se gana mucho. No obstante, la madre cabeza de familia de dos hijos, los cuales están estudiando el bachillerato, conoce la "clave" para hacerle la lucha a esas grandes cadenas de mercado. "Nosotros vendemos mucho más barato que los supermercados. Esto ha hecho que los clientes varíen y la cantidad de ventas se aumenten".


El sol nuevamente se esconde y con ello la cantidad de personas van disminuyendo. La plaza de mercado empieza a cerrar lentamente. Los jóvenes descargan el bulto de papa que llevan en el hombro, las mujeres de la tercera edad, mientras con una mano sostienen a sus nietos, con la otra van tapando los alimentos y a ellos se les une Carmen. Se quita el delantal amarillo y los guantes, quedando así al descubierto un buzo color café, camiseta blanca y pantalón negro los cuales vestía. Con un rostro agotado y una voz muy suave expresa que le gustaría tener "por lo menos seguro y salud, pues en la plaza hay agotamiento físico". Anhelo que tiene doña Carmen Rodriguez, que dia a dia su objetivo es ser feliz, salir adelante y darle ñapa.


¿Entre más gorditos, más bonitos?

"Esos hábitos la verdad vienen desde casa", expresó John Jairo Vargas Bustos

Por: Michael Chabur Mahecha 

La oscuridad empieza a ser diluida lentamente por la luz del sol, señal que indica el inicio de un nuevo día. Los despertadores, que antes eran el agudo y amplio sonido de los gallos, pero que ahora fueron sustituidos por las graves melodías del celular, empiezan a vibrar desesperadamente en la espera de ser detenidos por sus dueños y lograr su objetivo: despertarlos.

Lentamente los ojos de las personas empiezan a parpadear, hasta llegar al momento exacto de que la vista deja de ser como un día nublado en carretera y todo se empieza notar más nítido.

Este factor indica lo temible por muchos: tener que salir de la amplia comodidad, del calor del momento y de la plenitud del cuerpo. Con alguna de sus manos toman la esquina de las cobijas y en un solo momento las retiran de sus cuerpos, se sientan, o en otros casos se ponen de pie y se dirigen a la ducha.

Luego de finalizar el ritual de preparación del cuerpo, haber llenado sus almas; con un saludo o un abrazo y sus estómagos con un tinto o un huevo, toman sus pertenencias, se dirigen a la puerta de salida de sus hogares y con un "adiós" salen rumbo hacia el "reto del tercer milenio".

Algunos empiezan a caminar, otros, por temas de distancia, son recogidos por la ruta. Esto no es impedimento, ya que todos van para el mismo lado.

Desde la distancia se empieza dibujar diferentes cuadros de agotamiento, de prisa, alegría, fatiga y de tranquilidad. Quizá por su condición física.

Este, es dibujado desde el destino al que deben llegar: al Colegio San Juan de los Pastos, ubicado en localidad quinta de Usme, desde 1985. Dirigido por el rector Olimpo Coral y la directora administrativa, Josefina Escobar.


La luz del sol marca las 6:30 a.m, las puertas de la institución se abren y los maestros con una sonrisa en su rostro, un saludo amable y con un uniforme rojo reciben a cada estudiante.

Uno de estos profesores es John Jairo Vargas, licenciado en educación básica, con énfasis de educación física, recreación y deportes. El cual está encargado de los estudiantes de grado primero a undécimo.

El tiempo pasa y todos están como cualquier otro día: dando clases, educando. El reloj ya marca las 10:30 a. m. de un miércoles y John Jairo se encuentra ubicado con los estudiantes de primaria en la realización de su clase.

Mientras los gritos rebotan en las paredes y la emoción es plasmada por los grandes saltos que dan los niños, el profesor con un pitido en el silbato de color negro, da la indicación del inicio de la primera actividad: saltar sobre los aros que él ubico en suelo (10) separado uno del otro.

"No es lo mismo hacer actividad física obligado a hacerla forma recreativa. Cuando se hace de esta manera, el estudiante trabaja su capacidad física, la mejora y no se da cuenta"

La clase termina y el agotamiento es notorio, pero el ánimo de seguir no es opacado por lo anterior. Los niños son llevados hasta su salón, lugar donde el licenciado toma sus objetos y se dirige hacia el próximo curso para iniciar la actividad física: noveno. 

Para el profesor el objetivo es claro en su plan de estudios. Sabe que frente a una juventud sedentaria hay que tener estrategias pedagógicas para contratacar. 

"Desde mi clase considero que es la actividad física. Por eso trato de hacerla lo más dinámica posible. Tengo una actividad que se llama ponchados. Cuando jugamos eso con los chicos, podemos durar en la actividad continua más de una hora, y aunque ellos están cansados, sugieren seguir con la actividad".

El profesor entra al salón. La mirada de los estudiantes inmediatamente va dirigida hacia al docente, el cual empieza a organizar a cada joven en sus puestos, da indicaciones de trabajos futuros y les señala que se deben dirigir hacia el patio.

Los estudiantes llegan, se ubican y esperan la siguiente instrucción. "Dejan sus cosas a la derecha, en el suelo pegado a la pared y se quitan la chaqueta y el pantalón. Hoy vamos a trabajar en pantaloneta y camiseta".
 Inmediatamente el ambiente cambia. Luego de tener expectativas de disfrute, en los estudiantes se empieza a dibujar un escenario de inconformidad. "¿Qué? ¿Hay que quitarnos el pantalón? No profe, déjenos trabajar así. ¡Ash!"

Sin embargo, la suplicas no fueron escuchadas. La orden fue dada y así mismo cumplida. Diferentes perfiles se van dando en el lugar. Contextura gruesa y delgada son los contornos de los estudiantes. Entendiendo esto, el profesor realiza su plan de estudios.

"Hay que seguir unos lineamientos que nos da secretaria de educación y ministerio. Yo hago una serie de pruebas, tipo diagnóstico con los chicos. Con base a los resultados se determina si las pruebas son aptas para ellos o hay que aumentarlas o disminuirlas".

Suena el silbato. Las niñas están a la derecha y los niños a la izquierda ansiosos de iniciar la primera prueba: piernas. Desde una misma posición los estudiantes deben llevan sus rodillas hasta la mitad de su cintura saltando. Esto duró aproximadamente 120 segundos.

Ya se empiezan notar en los rostros indicios de agitación, la respiración se torna más fuerte y el cansancio le empiezan a poner nombre: "¡uf, uf, uf!"

"Nuevamente ubicados. Ahora vamos a hacer plancha". Suena nuevamente el pitido.

Los chicos se ubican en el suelo, se apoyan en el antebrazo y sus pies. El abdomen y la cadera quedan como acróbata de circo: en el aire.

Lentamente se empiezan a escuchar las risas de los estudiantes y los profundos suspiros. Cada pitido indica cuanto tiempo ha pasado. 120 segundos y la mitad del curso se rinde frente a tan inmenso reto. 150 y pocos quedan. Hasta que finalmente cumplidos ya 210 segundos los finalistas son dos chicos. Estos con el rostro totalmente rojo, pensando en su mente de que si puede, hasta que ambos dicen "no más, me canse". Esta es la señal para la finalización de tan arduo reto.

Es evidente el cansancio, los síntomas son causa de sedentarismo que muchos de estos chicos pueden estar viviendo. Para Vargas, esto no es anormal.

"Antiguamente no existía tanto los medios tecnológicos. Entonces los chicos salían más, se divertían más desde la parte física. Jugaban futbol en los barrios. Hablo con los muchachos y los padres no los dejan salir por temas de seguridad, así que se centrar en sus redes sociales y el sedentarismo crece".

Es por esto que la mentalidad de la institución cambio un 100%. Desde hace un año, el San Juan de los Pastos ha venido implementando un nuevo sistema para que el sedentarismo y estos temas de obesidad sean muy bajos.

Carmenza, profesora desde hace 11 años en la institución, realizo una ponencia interesante frente a este problema de salud pública.  

"Lo que pasa es que el tema se prestaba. Nosotros analizamos que casi siempre el estudiante es estático. Independientemente que bajen y suban, pero el ejercicio es mínimo. De ahí surgió la idea de que es importante mantener una actividad física diaria, así sea corta, pero que se haga para tener mejor nivel de salud".

Lo expresa mientras está sentada calificando algunos cuadernos de los estudiantes, justamente cuando sus alumnos están realizando una actividad grupal.

Mientras colocaba firmas, revisaba planilla y daba permiso a una joven de ir al baño, la docente afirma un poco nerviosa que hay un estudiante que esta con sobrepeso.

"Aunque uno como docente sabe que está en sobrepeso y que le va a traer unas consecuencias de salud, lo trabajamos con mucho sigilo, porque hay padres que dicen que los niños son así porque vienen de familia".

Mientras terminaba la frase, llega una joven la cual le entrega a la maestra unos papeles. Se distrae un poco, hace un paneo general de los estudiantes y suavemente vuelve a mirar los cuadernos empezando así una frase.

"En la ponencia evidenciamos que el 75% de los estudiantes no tiene una actividad física. Son muy sedentarios y esto hace que el nivel del desarrollo físico sea mínimo. Fuera de eso, evidenciamos que la alimentación es supremamente mal. No porque no tengan, sino porque no se saben alimentar."

Suena el timbre. Muy ordenadamente empiezan a llegar los estudiantes al patio. Mientras van charlando con sus amigos, sus manos sostienen gaseosas, papas, gansitos, sándwich, compotas, bombombunes y cocas de almuerzo.

El panorama es evidente. La alimentación de los muchachos no es la adecuada.

La profesora Carmenza baja las escaleras, se ubica en la cafetería y empieza a repartir cada almuerzo. Sin embargo, la opinión de ella frente a este déficit alimentario es clave.

"La cafetería es una parte privada dentro de la institución. Sin embargo, desde las directrices si les tienen como una minuta para la alimentación. Se ve una minuta donde tiene frutas, donde tienen algo de proteína y algo de energía, dulce o algo así. Esto va dirigido por alguien especializado".

Es por ello que, el panorama es otro evidentemente. Esto no es un problema de la institución, pues como lo expresa el profesor de educación física, "Los padres les dan dinero a los estudiantes. En la cafetería hay fruta, pero ellos salen con hamburguesas. La comida está, pero a veces se queda".

Frente a este cuadro preocupante, para la institución educativa es primordial tener docentes que puedan manejar este problema.

La profesora Ana Casanova, docente de tecnología y del distrito está realizando un micro proyecto el cual abarca la información de sedentarismo y la actividad física en los niños de las localidades.

Mientras ubica y ordena unos libros en la biblioteca, expresa que "los niños realmente no están haciendo ejercicio". Camina y se dirige hacia los pupitres, es allí cuando expresa que los jóvenes tienen mejores resultados, en la parte alimenticia, académica y psicológica al realizar actividad física.

Ya llegando a la puerta de la biblioteca, teniendo una bata blanca puesta, en la mano derecha sosteniendo unas llaves, planilla y el celular, indica como debe ser la parte alimentaria de los niños, puesto que recibe constantemente capacitaciones de compensar.

"Lo que en el plato debe estar por lo menos 4 colores. Enseñan algunas cosas de cocina, donde la presentación del plato influye. En el distrito se da el 70% y el padre se encarga del 30%, es responsabilidad de ellos. A nosotros nos dan la minuta, y así mismo se la damos a los padres para que sepan que deben tener".

Finalmente cierra la puerta con candado, baja las escaleras y se pierde dentro de la oscuridad de la coordinación.

Todo esto se transforma a medida del tiempo, sin embargo, la meta sigue siendo la misma, pero el método va cambiando, para así seguir avanzando hacia "el reto del tercer milenio".

Es importante resaltar la editorial de el domingo de el domingo 15 de marzo de El Espectador. Allí se celebra el anuncio de que el Gobierno Nacional llegó a un acuerdo para implementar un mejor etiquetado en los productos y alimentos que consumen los colombianos.

Sin embargo, el problema ahora es que la implementación de esto se dará hasta 2022. Si las cifras son claras, frente a los índices de la obesidad infantil ¿Por qué esperar tanto?

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